Insisto en afirmar que eso crea un vacío que se va llenando de estimaciones particulares, no oficiales, incluso de algunas bastante curiosas.
Una de esas propuestas curiosas nos llega de la mano del periodista venezolano Luis Carlos Diaz. Este audaz investigador circunstancialmente pasa todos los días por un negocio dedicado a la venta de pollos en brasas en la capital venezolana. Un buen día decidió tomarle una foto al cartel que señalaba el precio del pollo asado cada vez que su precio aumentaba. Desde el 2013 hasta la fecha, obtuvo una muestra de 13 observaciones en algo más de 20 meses (¡el pollo en brasas aumenta de precio cada mes, 16 días, 5 horas, en término promedio!). Con estas observaciones decidió estimar un índice de variación de precios que reflejara, o más bien aproximara, el aumento general de precios, a este índice se le denomina IPB (Índice Pollo en Brasas).
Para el año 2014, el IPB acumuló una variación de 81,82%, que se diferencia (en 13,3%) del estimado oficial de 68,5% (BCV). Lo que muchos ignoran es que el sector de "alimentos y bebidas no alcohólicas" acumuló una variación de precios anual de 102,2% durante 2014 (Según el BCV). Prácticamente el IPB queda en el punto medio del recorrido entre la variación del INPC-general y la del INPC-alimentos.
Al imbricar ambas series (ver abajo) notamos lo mas importante, que no es necesariamente las magnitudes que expresa, sino las tendencia que plantean, según esta, la inflación 2015 alcanza el doble de la acumulada 2014, en la mitad del tiempo.
Ciertamente no estamos ante un indicador de grandes virtudes estadísticas en cuanto a validez, confiabilidad y rigurosidad científica, pero en un escenario de absoluto secreto informativo por parte de un instituto emisor caído en irresponsabilidad supina (que no solo debería ser emisor de moneda, sino también de información), ¿Por qué no asumirlo como representativo?
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